sábado, 1 de junio de 2024

Sobre Nacho Trejo

Conocí a Ignacio Trejo por ahí del 2004, cuando el maestro Mario Calderón lo invitó a presentar "Tu párvula boca" en el Colegio de Lingüística y Literatura Hispánica de la FFyL de la BUAP. Un tipo agradable, con muchas anécdotas que narrar. Incluso, dio un adelanto de un texto que sería "El vaquero más auténtico que existió". Novela entretenida y bien narrada. Desde ahí me quedé pensando que dedicarse a la literatura no implicaba poses. Ignacio narraba, criticaba e investigaba desde la humildad. Era muy agudo y certero. 
Leí, apenas que murió, que en los noventas no se podía entender la literatura mexicana sin él. Muy cierto, porque en su trayectoria se dedicó a ser un agudo crítico de la literatura chicana, de Ibargüengoitia, de Agustín Ramos o a realizar uno de de los primeros aproximamientos a la literatura femenina. 
Mientras hacía la maestría pude conversar con él en diferentes momentos, el más memorable fue en el Sanborns de los azulejos, un tipo agradable que dedicó su día a contarnos a mí, a Enrique y al Roger infinidad de anécdotas de escritores mexicanos. Ese día su tiempo no tuvo fin, casi 10 horas que se pasaron rápidamente, porque tenía esa facilidad de contar. Nació para ello.
El primer congreso al que fui hablé de él. Su obra me parece importante. Un narrador serio que explica temas desde el humor y la periferia. No es tomado en cuenta. Por ese texto conocí a Antonio Marquet, imprescindible en los estudios de género y agradable persona. A principios de mayo comencé a editar un artículo sobre Nacho, ya lo tenía redactado en la tesis desde hace 17 años. Intento rendirle un homenaje a un escritor que está fuera del radar céntrico de la literatura mexicana, pero, al que nadie puede dejar fuera.
Igual hablaba de fut, igual le iba al ave de rapiña, igual le gustaba el son cubano y escribía una novela, igual estaba ahí donde nadie lo conocía. Trejo Fuentes es un autor y crítico que ahora que no está debemos leerlo: "Inés, la luna  y yo..." es un renglón imprescindible dentro de la literatura mexicana, poético y maravilloso. Larga vida al cronista del De Efe, al que exploró lugares lejanos e inóspitos. 

sábado, 4 de mayo de 2024

La emoción de volver

En mayo de 2023 fue la última vez que jugué un encuentro oficial. Una semifinal con el Atlético Bolchevique. Perdimos el encuentro. De ahí, podría jugar cada semana en Xonaca con mis bien amados Hígados Reptantes, pero, la verdad, ya me da miedo regresar, aunque sé que ellos me abrazarán si lo decido. Después de romperme el tobillo, he buscado escenarios menos complicados para jugar. 

Una tarde, cuando solamente baboseaba, Álvaro Solís me mandó mensaje para jugar el torneo de la BUAP, donde"solamente" juegan profesores. Debemos decir que ya no somos los profes jóvenes como cuando entramos, pero ahí andamos con refuerzos y esfuerzos. En buena medida, reunió a una parte del Atlético Bolchevique, faltan algunos de la última etapa.

Hoy era un encuentro complicado, la segunda fecha. Cabe mencionar que perdimos  el primer encuentro de manera poco honorable contra ARPA. Este día nos tocó contra un equipo que es favorito al título: Abogada General, creo que deberían ponerle un nombre más futbolero o un poco más de ingenio.  Ahí juegan dos personas que ubico y que sé que la mueven. Así que llegamos como la víctima.

En primeros 20 minutos, 1er tiempo del Futbol 7, logramos tres cosas: aguantamos, tuvimos suerte y los emparejamos. Sin estrellas, tan solo con jugadores que esperan su chela al final, les hicimos partido. Entre que la pelota pegó dos veces en los palos, que iba para afuera, que agarré una y otras que le pegaron a nuestros defensas, mantuvimos el arco imbatible. De la misma manera, Abogada General, sigo pensando que está muy feo ese nombre para un equipo de fut,  andaba confiado en que nos golearía.

En la segunda mitad, nos fuimos al frente en el marcador. Es indispensable mencionar que teníamos a un guerrero en la cancha, Zavala, corría como si tuviera 15 años. No paraba. Nos salvó de dos goles hechos. Entre la suerte y Manuel aguantamos. Las hostilidades estaban trabadas. Abogada General, ¡qué feo nombre de equipo! y B5M se hacían daño, pero sin lastimarse. En una jugada, el joven Alfredo se cuela en el área para rematar la pelota !Gol! 1-0 ganaba el débil.

De ahí, no reculamos, seguimos jugando al tú por tú cuando se podía. Ellos, sorprendidos, nos atacaron insistentemente. Recibí un golpe en el hombro que los nazarenos consideraron iba a cabecear el oponente en mis costillas: " es que lo cabeceó y lo atajaste después" me dijeron. Aunque la pelota picó y me rebotó a un metro de altura... Buen chingadazo para que recuerde qué es ser portero. Casi al final, en un tiro de esquina, nos igualaron el marcador con un remate entre pecho y brazo, ¿para qué reclamar? los señores que deben impartir justicia no lo hicieron o no lo vieron... cuando el anotador enseñó su pezón lo dieron por válido y les tembló la justicia. Al final del encuentro, AG, ya no diré tan feo nombre para un equipo de fut, remató cerca del área, ellos lo cantaron, lo saqué. Vi venir la bola y me lancé. Extendí el brazo, lo alcé cuando sentí el balón. Ellos ya los festejaban. No fue gol. Festejamos.

Las hostilidades, siempre quise utilizar esa frase, terminaron. 1-1. Los de AG no lo creían, nosotros sí. Estábamos contentos. En eso, un señor se acerca y nos dice que no hay empates, que todo se resuelve en penales. Ahí vamos otra vez. El señor justicia principal me llama. Gano el volado, ya traíamos suerte desde el encuentro después de los dos postes, sabía que lo ganaríamos. Elijo tirar primero. Anotamos. En eso, el tocayo Costilla me dice: "aguántalos, no traen nada". Lo hago, el primero, nada fácil, lo detengo. Estamos arriba. Después,  metimos  los subsecuentes. ¡Ganamos!

 

 

viernes, 12 de abril de 2024

Sobre Messi y los abucheos (el porqué me parecen adecuados, aunque no me alcance para ir a verlo jugar al estadio)

 En días recientes, Lionel Andrés Messi Cuccittini, está difícil escribir su segundo apellido, visitó Monterrey para enfrentar a los Rayados. Debo decir que he visto la CONCACAF Champions Cup (CCC) sólo por el morbo de que están jugando ex futbolistas de Europa que sólo vienen a acumular un poco más de dólares antes de retirarse.

Bueno, al final, el equipo del Tocayo Costilla venció a las garzas rosadas de Messi, el resultado no fue lo importante, de hecho, ya se anticipaba, no así el marcador. A lo largo de la infumable transmisión de Fox Sports, son las peores del continente americano, la afición de Monterrey abucheó a Messi, A mí me parece algo normal e, incluso, irrelevante, el asistente al estadio debe presionar al rival, que sienta el ambiente hostil, que sepa que juega en el campo contrario. Nada raro. Uno, cuando va al estadio, hace su chamba, aunque, en el Cuauhtémoc, no se sienta, pero en fin.

El asunto es que algunos "periodistas" o "cometaristas" como David Faitelson o Luis García comenzaron a insultar a la afición regia. Se preguntaban que ¿por qué abucheaban a Messi? No lo comprendían, el primero tachó de ignorante a la afición regiomontana, el segundo, descaradamente, como si él no hubiera sido el agravio en persona o el epítome de todo lo que ahora dice que no se debe hacer en el futbol, se desgarró las vestiduras diciendo que quien abucheaba a Lionel, abucheaba al futbol.

Esta nueva versión del futbol me desagrada, claro que hay discursos y frases que no deben ser toleradas en el futbol como la xenofobia, el racismo, la discriminación, entre muchos otros, pero que el rival sienta la aversión del público es completamente normal. Apoyar al local y molestar al visitante no es nada nuevo. Sólo que este futbol aséptico que nos quieren vender,  donde todo tiene que ser regido por una región de moralinos, no me gusta a mí, puede que a los institucionales les parezca adecuado.

A la fecha sigo pensando que el escenario hostil se le debe hacer sentir al rival. Gritar en la tribuna, chiflarles, abuchearlos es parte importante para sentirse parte de una afición o de una identidad pambolera que busca incomodar al rival en turno. Claro que en la tribuna existen salvajismos que no comparto, aclaro que, en la grada, todo es barbarie, quien busque civilidad en un estadio de futbol, está en el lugar inadecuado. Los ingleses lo enunciaron cuando compararon al rugby con el fut: "este es deporte de caballeros, jugado por salvajes", pero los salvajes, como cualquiera que va al estadio, también puede ser caballero y aceptar que: "ganamos o perdimos...  igual nos divertimos" sin llegar a escenarios de violencia subjetiva innecesaria.

En fin, mientras las autoridades, los políticos, los ricos y los moralinos que se han apropiado o intentan apropiarse del futbol sigan mandando, seguiremos viendo escenarios nada cercanos a la esencia de este deporte. Estadios impresionantes, pero que nada tienen que ver con la historia del equipo. El dinero se ha apropiado de nuestro futbol para volverlo imposible de ver en vivo. Aún extraño las salidas de los equipos en antaño, cuando primero salía el visitante y la afición se volcaba en improperios para recibirlo y decirles que aquí no son bienvenidos, como a Messi. Después, seguía el local con el júbilo de la grada, con el espectáculo en las tribunas, con los fuegos artificiales, con la fraternidad y el sentimiento de ser parte de una tribu que apoya y sufre  por once pelados en la cancha. Eso era el futbol hasta antes de sus protocolos insufribles y asépticos.


miércoles, 3 de abril de 2024

Sobre Carlos Vela y Cuauhtémoc Blanco (ni sé por qué razón escribo esto)

 Tiene, fácil, más de 5 años que no ando por aquí. De hecho, creo no le entendía a esto a pesar de tener algunas entradas. Ahora pienso que ya le agarré la onda. El futbol me sigue apasionando, incluso más que 10 años atrás, por eso retomo este espacio aunque nadie lo lea.

Apenas, en días recientes, peleábamos dos amigos y yo sobre si Carlos Vela era un crack o si era el que la tricolor necesitaba para sobresalir en los mundiales. Yo les dije que no, que independientemente de sus atributos futbolísticos, sólo era un buen jugador y nada más. Incluso, uno de ellos mencionó, en la misma oración, a Cuauhtémoc Blanco y a Benjamín Galindo Marentes. Inmediatamente salté, no se puede poner en el mismo enunciado a los tres. ¿Por qué?

Aquí me ganaré, en mi reencuentro con el blog, muchos enemigos, pero no pueden estar juntos. Vela no merece ser denominado un crack mexicano como los otros dos ¿Por qué? pues, de entrada, no le gusta el fut. Sólo es un trabajo para él. No lo culpo, ni lo juzgo, ¿quién soy yo que sólo juega futbol en las noches mientras sueña? No obstante, hace lo necesario para sobrevivir. Diría Hugo RodPer, en su nombre artístico: "es un godín del balompié", tiene razón. Vela tendrá los más grandes atributos futbolísticos, pero, en esencia, no es jugador de futbol, es sólo un obrero, aquí debemos aclarar que los obreros hacen bien su trabajo y hay obreros que son cracks como Dunga, Ambriz, Simeone, Busquets, entre otros. Obrero, en el futbol, me refiero al que sólo hace su labor porque por eso le pagan. Carlitos, con su talento, sólo eso hacía. Tampoco le podemos pedir más, pues no lo quería.

Respecto a Blanco y a Galindo Marentes, pues no los pongo en la misma oración porque se pusieron a la verde sobre sus hombros. Si eran igual de técnicos que Vela, no importa, porque ellos, ensuciándose, en el fango, yendo  a Centroamérica, jugando contra EEUU o con quien sea, se cargaron el equipo. Tal vez la piernas no les daban, tal vez había alguien mejor técnicamente, pero en esfuerzo, en calidad o en sacar al combinado adelante, no les gana Vela.

Debo decir, para finalizar, que, en mis 30 años jugando FIFA, he contratado a Carlitos, desde que aparece, como mi delantero titular sólo porque me gusta como juega y porque tiene muchos atributos. Hasta, en alguna ocasión, lo puse junto al Cuau, pero de segundo hombre, como sé que le gusta hasta la fecha. 

martes, 25 de febrero de 2014

Prefiero la mariguana al dinero...

En alguna vez Eduardo Galeano explica grosso modo el nacimiento de Maradona, haciendo alusión a que la Tota, madre del futbolista, al entrar hospital encontró una estrella tirada, al levantarla notó que por el anverso brillaba y se encontraba reluciente y por el reverso estaba oxidada; esta es la perfecta descripción de Diego, pues por las canchas era una estrella fulgurante y en su vida personal se oxidaba.
¿Por qué retomo la anécdota de Galeano? Porque hasta la fecha, ninguna persona ha podido descalificar a Maradona con argumentos deportivos, siempre bajo la sobra de sus manejos personales; alegan que es un ejemplo, que muchos niños lo siguen,  etc., antes esto respondo y me pregunto, ¿qué clase de padre o madre deja que el ejemplo de su hijo sea un futbolista?, por eso estamos jodidos, los ejemplos de los niños no están en las canchas de futbol, en los emparrillados, en los diamantes. Se encuentran trabajando en laboratorios, haciendo libros, investigando, esos deben ser los ejemplos, un deportista, bajo ninguna circunstancia debería ser considerado alguien a seguir.
Mi preferencia por el Diego radica sólo en el ámbito deportivo y como pasatiempo, ni será mi ejemplo a seguir ni nada por el estilo, pero lo antepongo a Pelé por razones de idiosincrasia y pensamiento. Siempre he sostenido que Pelé representa la derecha futbolística, apegado al poder, a defender lo indefendible de las instituciones, amigo de los poderosos, acostumbrado a la buena vida y a cobrar por aparición en público.
Maradona es  la izquierda, alejado de las instituciones, cercano al pueblo, mantiene viva la esencia del futbol de potrero, piensa que la pelota debe ser de los que la rodamos y nos alegramos cada vez que hay un partido en la colonia, en el estadio o en la tele; en vez de los mandones como Blatter, Platini, Decio o Compeán. Diego, al fin y al cabo, es sentimiento puro por una playera, por un equipo, por un balón.
No caeré en el debate estéril sobre quién es mejor como jugador, ni me interesa, pero sí mantengo mi postura de que Maradona es más cercano al pueblo que juega, Pelé, en su ambición de poder ha perdido el piso, apoyó en su tiempo a Havelange, dictador voleibolista, que veía al futbol como un negocio y que bajo ese argumento se dedicó a empuercarlo vendiendo derechos a sus familiares y que en ningún momento dudo que haya hecho apuestas y arreglado partidos; ahora, el mismo 10 de Brasil es cercano a Blatter, otro burócrata del futbol, que si bien ha llevado el futbol a todo el mundo con  sus mundiales, no ha dejado de verlo como un negocio y al más puro estilo del Vaticano, se ha llenado los bolsillos de dinero a costa de los pobres.
¿Recuerdan a Pelé haciendo comerciales para DirecTV en pro de la privatización del futbol? Otra más de que le agregamos, ¿vieron a Pelé apoyar la privatización de la Copa Libertadores en los comerciales de Santander? ¿Han visto a Pelé apoyar a los senadores y diputados brasileños para regalar entradas para el mundial 2014 a los niños de la calle y discapacitados como marca la legislación carioca? Sigan sentados, nunca lo verán, a diferencia de Romario, ahora político, Pelé no moverá ni un dedo porque apoya los intereses económicos de sus patrones de la FIFA.
Maradona, por el contrario, es más cercano al pueblo, ha defendido los derechos de los jugadores, ha dicho que  la pelota es del pueblo y defiende la transmisión por tele abierta de los partidos, se ha peleado con Blatter, lo ha llamado explotador de los jugadores, los ha llamado, en palabras de Manu Chao, “que ellos (la FIFA) son el gran ladrón” y sin temor puede presentarse en cualquier escenario futbolístico de Argentina y será recibido de buena manera por el pueblo; quisiera que Pelé se parara en algún estadio y fuera ovacionado como el pelusa.
Por estas razones, más de idiosincrasia que futbolísticas, es que prefiero al Diego, porque a pesar de todos sus errores como persona, desde mi perspectiva y visión, nunca he dejado de seguir sus ideales y es una persona más íntegra que el otro 10 histórico pero hipócrita y sí, me gustaba más cómo jugaba Maradona que Pelé.


viernes, 31 de enero de 2014

Saliendo el payaso, soltando la carcajada.


Hace unos días escuché un refrán que decía así “Saliendo el payaso, soltando la carcajada” y justo cuando lo oí me vino a la mente Miguel Herrera; no porque alguna vez se haya disfrazado de bufón para ir a alguna institución o algo parecido, sino por toda la sarta de sandeces que suele decir.
El recuerdo más vivo de Miguel Herrera es un partido de la selección nacional, México vs Honduras, en el Azteca, donde el llamado “piojo” le da de pechazos a un hondureño cuyo nombre quedó en la ignominia, por esta acción se gana la roja absurdamente y complica el encuentro.
Esto viene a colación debido a que en toda estructura medieval  como nuestro futbol siempre hay un bufón, alguna vez lo fue Jorge Vergara, Hugo Sánchez, el perro Bermúdez, Cuauhtémoc Blanco, etc., parece que ahora es el momento de Herrera.
Fiel a su costumbre, bravucón de barrio, Herrera suelta insultos a todos lo que lo rodean, al árbitro, al rival, a la afición contraria a quién sea, algo que no nos debe impresionar, pero ahora,  debido a que se siente arropado por la caterva de palurdos que alientan al América, es peor.
El desplante contra Mejía Barón de infaustos recuerdos por los cambios en Estados Unidos 94, pero  todo un caballero en el trato y por la sapiencia en este deporte, no hacen más que dejar mal parado al Piojo; a pesar de sus “logros” futbolísticos, Miguel no tiene la capacidad, ni la integridad para ofender al otro Miguel, además afirmando  algo que ni el propio Piojo puede comprobar.
El pleito que tuvo con el árbitro Ricardo Arellano arrojó una declaración que me hace pensar “Me echó por sus pelotas”, ¿realmente Herrera es un idolazo en el futbol mexicano o por lo menos en el América o un ídolo a nivel nacional para que quien lo expulse se gane un reconocimiento o pueda andarlo presumiendo? Lo han expulsado y echado tantas veces que el razonamiento debería ser contrario, habría que presumir que uno tiene demasiada paciencia para no hacerle caso a toda la bola de tonterías que ha de soltar cuando está en la banca. No tiene ningún mérito expulsar a Herrera como sí lo tendría a Claudio Suárez o alguno de esos caballeros en la cancha.

En fin, podría enumerar los desplantes de este hombre, a quien no conozco, pero que siempre le guardé una simpatía porque se me figuraba un gladiador dentro de la cancha cuando era jugador; ahora, como entrenador y en esta faceta de técnico del ave sólo puede generar burlas y risas debido a que no conecta la lengua con el cerebro.  

sábado, 25 de enero de 2014

Tango para todos

Si el tiempo corriera como lo suponía Borges en varios cuentos, entonces Antonio Mohamed y Juan Román Riquelme serían los verdaderos dioses del tiempo y espacio en el futbol. Hace tiempo leí un texto de Juan Villoro, excelente relator, donde decía lo prodigioso que resultaba ver jugar a Carlos “el pibe” Valderrama y aquella selección colombiana del 94, el tiempo no corría y sus piernas menos, pero aquellos pies hacían que los 23 hombres en el campo no dejaran de correr, incluido el árbitro.
Tal vez no recuerde bien esos partidos, puesto que en casa nunca hubo tele por cable y sólo lo vi jugar en los 3 escasos juegos de Colombia en el mundial de Estados Unidos, pero a los que sí recuerdo y perfectamente son al Turco y a Román.
Los dos marcaron épocas con sendos equipos, Toros Neza y Boca Juniors, tanto Román como Mohamed tenía el tango en los pies, no era necesario que corrieran los 90 minutos, bastaba que dieran un acorde genial para que sus equipos se convirtieran en una orquesta, donde ellos llevaban el bandoneón.
Innumerables ocasiones vi a Mohamed  pastar en la mitad de la cancha, cual toro de lidia, él no debía perseguir a los rivales, sus piernas rollizas y su elegancia, dentro y fuera de la cancha, lo impedía, además no era necesario; su virtud consistía en esperar y encontrar  el momento preciso para embestir al rival mediante un pase filtrado, un taco afortunado, un túnel o caño majestuoso que permitía a su compañero  anotar mientras él regresaba a pastar al centro del campo.
Román, aunque sí corría, la velocidad no era lo suyo, no necesitaba ser un rayo como el Chelo Delgado, ni un tractor como Palermo, ni rudo como Serna o gritón como “el patrón” Bermúdez, eso era de los bárbaros, de los todoterreno, no de los genios; con la mirada perdida en la grada recibía los balones y ya sabía qué hacer con él, la única forma de bajarlo era a patadas o arrollándolo.
 Alguna vez, el mismo Villoro y Martín Caparrós, definieron el futbol como un deporte de espera, donde siempre estás a la expectativa y son sólo breves momentos los que realmente valen la pena. El Turco y Riquelme son dos grandes ejemplos de esa afirmación, pues la pelota giraba en otra órbita  careciendo de sentido hasta que alguien, haciendo gala del sentido común, se  acordaba que estaban ellos y los dejaban jugar para que todos, incluidos los aficionados, participaran. 
No he sabido la respuesta del por qué me gusta el juego semilento, ni por qué prefiero a los 10 tradicionales que detiene la pelota para que todos en el estadio puedan  pensar, tomarse una cerveza, ir al baño, pedir algo de comer, sobre los rápidos e insípidos armadores veloces y sin gracia que provocan que la emoción se esfume tan rápido como llegó. Cual si fuera cerveza artesanal, el futbol y las jugadas de gol deben paladearse y saborearse.

Si tuviera que elegir algún ritmo para mi equipo, sabría que ése tendría que ser el tango, triste, elegante, contagioso, endulzante, de filosofía arrabalera, popular encabezado por el Turco o Román.