Hace unos días escuché un refrán que decía así
“Saliendo el payaso, soltando la carcajada” y justo cuando lo oí me vino a la
mente Miguel Herrera; no porque alguna vez se haya disfrazado de bufón para ir
a alguna institución o algo parecido, sino por toda la sarta de sandeces que
suele decir.
El recuerdo más vivo de Miguel Herrera es un partido
de la selección nacional, México vs Honduras, en el Azteca, donde el llamado
“piojo” le da de pechazos a un hondureño cuyo nombre quedó en la ignominia,
por esta acción se gana la roja absurdamente y complica el encuentro.
Esto viene a colación debido a que en toda
estructura medieval como nuestro futbol
siempre hay un bufón, alguna vez lo fue Jorge Vergara, Hugo Sánchez, el perro
Bermúdez, Cuauhtémoc Blanco, etc., parece que ahora es el momento de Herrera.
Fiel a su costumbre, bravucón de barrio, Herrera
suelta insultos a todos lo que lo rodean, al árbitro, al rival, a la afición
contraria a quién sea, algo que no nos debe impresionar, pero ahora, debido a que se siente arropado por la
caterva de palurdos que alientan al América, es peor.
El desplante contra Mejía Barón de infaustos
recuerdos por los cambios en Estados Unidos 94, pero todo un caballero en el trato y por la
sapiencia en este deporte, no hacen más que dejar mal parado al Piojo; a pesar
de sus “logros” futbolísticos, Miguel no tiene la capacidad, ni la integridad
para ofender al otro Miguel, además afirmando algo que ni el propio Piojo puede comprobar.
El pleito que tuvo con el árbitro Ricardo Arellano
arrojó una declaración que me hace pensar “Me echó por sus pelotas”, ¿realmente
Herrera es un idolazo en el futbol mexicano o por lo menos en el América o un
ídolo a nivel nacional para que quien lo expulse se gane un reconocimiento o
pueda andarlo presumiendo? Lo han expulsado y echado tantas veces que el
razonamiento debería ser contrario, habría que presumir que uno tiene demasiada
paciencia para no hacerle caso a toda la bola de tonterías que ha de soltar
cuando está en la banca. No tiene ningún mérito expulsar a Herrera como sí lo
tendría a Claudio Suárez o alguno de esos caballeros en la cancha.
En fin, podría enumerar los desplantes de este
hombre, a quien no conozco, pero que siempre le guardé una simpatía porque se
me figuraba un gladiador dentro de la cancha cuando era jugador; ahora, como
entrenador y en esta faceta de técnico del ave sólo puede generar burlas y
risas debido a que no conecta la lengua con el cerebro.